9/8/13

Que tristeza la guitarra...

El gran guitarrista, de un talento admirable, el gran compositor que llevó nuestra música a todo el mundo, el intérprete de la voz grave, pausada, expresiva, falleció la tarde del 9 de agosto a la edad de 90 años.
En las décadas del 50 y del 60 la música folclórica argentina tuvo un auge excepcional y Don Eduardo Falú fue uno de los responsables de ese entusiasmo, de ese reverdecer del gusto de la gente por nuestra música. Cada chico o adolescente con una guitarra quería copiar los acordes, las armonías, la increíble sonoridad del genial, único e irrepetible gran maestro.
La digitación, la sobriedad, la calidad en el sonido de la guitarra de Don Eduardo son admirados por grandes guitarristas de todo el mundo y por el público en general.
Su prolífero talento de compositor lo inicia con César Perdiguero: Tabacalera, India madre, Albahaca sin Carnaval y lo continúa con su gran compañero de ruta, Jaime Dávalos: Zamba de La Candelaria, Las golondrinas, Trago de sombra, Rosa de los vientos, La verde rama, El silbo del zorzal, Cuando se dice adiós, Canción del litoral, Zamba de un triste, La Nostalgiosa, Cueca del arenal, Canto al sueño americano, Canto a Rosario, Resolana y muchos otros títulos. Y también compuso con autores de la talla de Manuel J. Castilla, Buenaventura Luna, Rolando Valladares, Albérico Mansilla, Marta Mendicute, León Benarós, e incluso Jorge Luis Borges, con quien compuso "José Hernández", y con Ernesto Sábato "Romance para la muerte de Juan Lavalle". También su Suite Argentina, para flauta traversa, corno y orquesta de cuerdas es una obra notable.
Cuanto se puede decir de este indiscutido maestro de la guitarra de la música y de la vida. Cuanto podemos escribir que resulta imposible contener en una biografía convencional. Solo podemos detenernos a escuchar su música y a sentirlo mas grande cada día. Fue hasta hoy vicepresidente de SADAIC, sociedad a la que ingresó el 6 de diciembre de 1950 y donde tiene registrado 206 obras. Sociedad que se enorgullece de haberlo tenido como socio, como directivo y como ejemplo. Y donde deja amigos que lo van a extrañar.
Don Eduardo Falú, querido maestro, que difícil resulta despedirlo. (fuente SADAIC)